SUBE LA MONTAÑA
Escoge la montaña que deseas subir: no te dejes llevar por los comentarios de los demás, que dicen "ésa es más bonita" o "aquélla es más fácil"
Vas a gastar mucha energía y entusiasmo en alcanzar tu objetivo y, por lo tanto, eres tú el único responsable y debes estar seguro de lo que estás haciendo
Aprende de quien ya caminó por allí: por más que te consideres único, siempre habrá alguien que tuvo el mismo sueño antes que tu, y dejó marcas que te pueden facilitar el recorrido; lugares donde colocar la cuerda, picadas, ramas quebradas para facilitar la marcha
La caminata es tuya; la responsabilidad, también, pero no olvides que la experiencia ajena ayuda mucho
Los peligros, vistos de cerca, se pueden controlar: cuando empieces a subir la montaña de tus sueños, presta atención a lo que te rodea
Hay despeñaderos, claro, hay hendiduras casi imperceptibles, hay piedras tan pulidas por las tormentas que se vuelven resbaladizas como el hielo
Pero si sabes dónde pones el pie, te darás cuenta de los peligros y sabrás evitarlos
Respeta tu alma: no te repitas todo el rato "voy a conseguirlo"
Tu alma ya lo sabe, lo que ella necesita es usar la larga caminata para poder crecer, extenderse por el horizonte, alcanzar el cielo
De nada sirve una obsesión para la búsqueda de un objetivo y, además, termina por echar a perder el placer de la escalada
Pero atención: tampoco te repitas "es más difícil de lo que pensaba", pues eso te hará perder la fuerza interior
Prepárate para caminar un kilómetro más: el recorrido hasta la cima de la montaña es siempre mayor de lo que pensabas
No te engañes, ha de llegar el momento en que aquello que parecía cercano está aún muy lejos
Pero como estás dispuesto a llegar hasta allí, eso no ha de ser un problema
Alégrate cuando llegues a la cumbre: llora, bate palmas, grita a los cuatro vientos que lo has conseguido, deja que el viento allá en lo alto (porque allá en la cima siempre hace viento) purifique tu mente, refresca tus pies sudados y cansados, abre los ojos, limpia el polvo de tu corazón. Piensa que lo que antes era apenas un sueño, una visión lejana, es ahora parte de tu vida "Lo conseguiste"
Haz una promesa: aprovecha que has descubierto una fuerza que ni siquiera conocías, y dite a ti mismo que a partir de ahora, y durante el resto de tus días, la vas a utilizar
Y, si es posible, promete también descubrir otra montaña, y parte en una nueva aventura...
Cuenta tu historia: sí, cuenta tu historia
Ofrece tu ejemplo, di a todos que es posible, y así otras personas sentirán el valor para enfrentarse a sus propias montañas
PAULO COELHO
